Esta mañana he ido a mirar en mi perfil de notas y oficialmente ya soy graduado en Filología Hispánica por la Universidad de Málaga. Cuidado, que eso no quiere decir que sepa de filología hispánica, no, significa que estoy acreditado para saber cosas sobre filología, aunque en realidad no sepa nada (os prometo que no sé prácticamente nada pero tengo un título que dice que sí).

Si me preguntan por qué he tardado tanto tiempo en sacarme una carrera universitaria, diré que mis tiempos son otros. No son los tiempos normales, no, son otros. Yo me entretengo mucho. Antes de entrar en esta carrera de humanidades pensé que, como el dinero movía el mundo, era más interesante conocer cómo funcionaba y por eso empecé Administración y Dirección de Empresas, para poder entender el sistema desde dentro. Lo que entendí fue que el sistema educativo -tristeza absoluta- y el sistema del dinero -eso ya lo intuía-, era un fraude, así que decidí dejarme llevar por los estudios en humanidades, que es algo que he atendido desde que soy pequeño (más).

Para la gente, que no hubiera hecho la carrera «en su momento» era algo así como que estaba perdiendo el tiempo, ¡con lo que a mí me encanta perder el tiempo! No hay otra cosa más interesante que eso, la verdad. Gracias a perder el tiempo he desarrollado una carrera como creativo, conozco cosas que jamás pensaría que conocería, he dedicado más amor a la gente que quiero, me he dado vueltas por algunos sitios del planeta y he vivido aventuras muy divertidas. Todo gracias a perder el tiempo, de verdad. Como reflexión profunda pienso que vivimos normalmente con unos tiempos marcados y que no decidimos nosotrxs: duerme 8 horas -¿por qué no 10?-; trabaja, trabaja, trabaja (todo el rato); sal de juerga una vez a la semana; ahora estudia, ahora ten hijos, ahora cómprate una casa -¡van a por nosotros!-. Resulta que quizá mis tiempos eran otros y ya. Hay gente que respira y dice: «¡vaya, por fin!» Como si hacer algo que no les encaja les molestara -probablemente-.

La triste realidad de la educación es que la gente está acumulando títulos rápidamente para llegar a un objetivo y casi no hay tiempo de parar para preguntarse: ¿por qué? Para mí, tener este título ahora está siendo algo muy especial (¡pero si cualquiera tiene un título!) porque he disfrutado y sufrido cada parte del proceso. He estado ocupado con ello tanto tiempo que no puede ser de otra manera. Nunca he querido hacer esto rápido porque no quiero llegar rápido a ningun lado (es que no voy a ningún lado, en realidad), por eso solo puedo disfrutar del camino.

Quería compartir y celebrar esta reflexión. Ahora que el sistema me ha dado un título quizá me deje hacer más cosas que antes no podía hacer o me costaba mucho llegar. Todo para seguir con mi auténtico objetivo vital: perder el tiempo.

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