Vuelvo -durante un ratito- a ser universitario. No lo había compartido por aquí pero así es. Quiero ver si termino la carrera de Filología Hispánica que empecé hace la friolera ya de 13 años (soy apasionado pero lento en mis estudios). Quiero seguir investigando sobre el humor y las risas y quizá la cosa está del título me pueda abrir unas puertas que ahora mismo tengo cerradas.

Ahora comienzo el primer período de exámenes y yo, como rechazo tanto lo que significa un examen -esto es, juicio, puntuación numérica, competitividad y adscripción al sistema del capital- cuando me topo una profesora/profesor que le da tanta importancia al examen y deja de lado el aprendizaje, la pedagogía, la cercanía y los cuidados en la relación maestro-alumnado, siempre me pone tenso. Creo en el trabajo transversal, no en los exámenes.

Hace años, la última vez que estuve matriculado en la universidad, tenso ante un examen, soñé esta viñetuela. El sueño fue muy realista y todos aceptábamos entre quejas que nos pusieran ese examen, a pesar de que la profesora había fallecido recientemente. Mientras hacía el examen, en sueños, pensaba: “¡Cómo es esta profesora, que ni siquiera muerta se permite celebrar su funeral y viene a hacernos su examen!”.

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